jueves, 21 de septiembre de 2017

Blue Rebel

Blue rebel
(Texto que acompañó la instalación sobre cianotipo en la Muestra de Fotografía  4 Elementos/ 4 Artistas)

"Para ver el azul mirams el cielo. La Tierra es azul para quien la mira desde el cielo.¿Azul será un color en sí o una cuestión de distancia? ¿O una cuestión de gran nostalgia? Lo inalcanzable es siempre azul ".
                                                                                   *  Clarice Lispector




Hay un gesto  de rebeldía, en plena era digital, al elegir la cianotipia como proceso de impresión fotográfica. Una rebeldía nostálgica  que reivindica el herbario, la mesa de trabajo,  las bateas. La instalación que forma parte de 4 Artistas 4 Elementos  es un intento de emulación  del backstage del proceso  casi alquímico   de esa antigua técnica. La cianotipia reaparece hoy en Botánica con toda su fuerza,  como una propuesta  que puede convivir  junto a los procesos digitales tecnológicos, una rebeldía azul que se resiste al olvido.

Roxana D’Auro


*Fragmento de “Cosmonauta en la tierra”, Clarice Lispector

https://www.facebook.com/verbolario/ Es un taller de poesía y cianotipo que dicto junto con Eliana Nieves


jueves, 14 de septiembre de 2017

Tríptico de artista IV - Muestra de fotografía 4 Elementos / 4 Artistas

Artista: Eliana Nieves

Eliana Nieves es bióloga  e incursiona hace tiempo en la fotografía. Hay una pasión  profesional que se cuela en sus cianotipos. Es que a Eliana  las obras le pasan por las manos,  son  tacto y también  mirada. Se siente  cómoda  en esto de seleccionar, rotular, preparar emulsiones y  deja que su ansiedad  ceda   esperando  el mensaje que  la química  le muestra  como caprichosa huella poética que ella sabe leer.
“Soy la savia que fluye y  escribe mensajes apasionados  a la hora de la siesta, saliendo de la sombra  que cubre el universo entero,  estipulando cadencias ,  tecleando, tecleando en esas máquinas, esos planos de escribir prehistóricos, en un homenaje, una veneración sin nombre todavía,  cuando los garabatos se reúnen  y no saben muy bien qué dicen ni que quieren decir”*
                                                                                                        Mario Merlino 

El homenaje tiene nombre en la obra de Eliana Nieves. Nombre de mujer, científica y artista como ella: Anna Atkins ,  que en el siglo XIX  en Inglaterra fue la primera fotógrafa de la historia. Su catálogo de algas británicas trascendió  la mera ilustración científica  para pasar a la categoría de obra de arte y del mismo modo opera  la serie de aromáticas que  Eliana presenta en 4 Artistas 4 Elementos. ¿Son sus imágenes una clasificación de esa  familia botánica? ¿Una invitación  a apreciar su hermosura  siempre triturada en nuestros especieros? ¿O ambas cosas a la vez? Eliana nos muestra todo lo que nunca vemos, atraviesa inclusive la palabra  en un juego de tensiones entre Ocimum Basilicum y Albahaca  y nos hace entrar a  la tierra   para descubrir  las  raíces que, como garabatos,   nos envían un mensaje prehistórico, ahora eternizadas  en un manto azul de infinita belleza.

Roxana D’Auro

Pueden ver más cianotipos de Eliana en su página de Instagram @blue.eli.blue

*Fragmento de “Palabras en el bosque. Diálogo de Lobos y Preposiciones”

 Mario Merlino/Jesús Marchamalo

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Tríptico de artista III - Muestra de fotografía 4 Elementos/ 4 Artistas

Artista: Ignacio Lima



Escribe  Jacques Prévert  en “Para hacer el retrato de un pájaro”:

“En un jardín en un soto
o en un bosque esconderse tras el árbol
Sin decir nada, sin moverse
A veces el pájaro llega enseguida
Pero puede tardar años
antes de decidirse.
No hay que desanimarse
Hay que esperar
Esperar si es necesario durante años”*

Recordé inmediatamente el poema de Prévert cuando vi la obra de Ignacio. 
Ignacio no usa tela y pincel, ni siquiera toca los elementos de su composición,  captura  con  ojo entrenado las líneas de fuerza que el instante le ofrece. Se trata de un desequilibrado ejercicio de búsqueda de años, de espera por horas,  a cambio de un fragmento del tiempo. Las formas orgánicas son, de manera indiscutible, las que dominan su obra y ¿acaso no es lo orgánico lo que  con más crudeza nos marca  lo efímero? Los  pájaros de Ignacio  desde su instante eterno nos interpelan  sobre nuestro propio tiempo.

Roxana D’Auro

Si quieren ver más fotos de Ignacio: https://www.flickr.com/photos/129803794@NO4/


*Fragmento de “Para hacer el retrato de un pájaro”, Jacques Prévert  

lunes, 11 de septiembre de 2017

Tríptico de artista II - Muestra de Fotografía 4 Elementos / 4 Artistas

Artista:  Virginia Ucar 


Virginia viaja y como aquel Marco Polo de Italo Calvino ,  sus imágenes son relatos de mundos que sólo existen en sus ojos .  
“El hombre camina días enteros entre los árboles y las piedras. Rara vez el ojo
se detiene en una cosa, y es cuando la ha reconocido como el signo de otra: una
huella en la arena indica el paso del tigre, un pantano anuncia una vena de agua, la
flor del hibisco el fin del invierno. Todo el resto es mudo e intercambiable; árboles y
piedras son solamente lo que son.
El ojo no ve cosas sino figuras de cosas que significan otras cosas”*

Es una tarea infructuosa tratar de descubrir  dónde Virginia tomó sus fotos.  Tampoco eso importa demasiado, uno estaría desperdiciando la  oportunidad de perderse en sus texturas. Así como Kublai Kan , el emperador de los tártaros,   no creía en todo lo que Marco Polo le contaba y renunciaba a conocer cada territorio que le pertenecía , así Virginia nos invita a renunciar a todo ejercicio de adivinación .
A ella la moviliza el viaje y sus líneas, potentes, motorizan nuestra mirada, nos guían, dirigen nuestra atención o nos dejan en reposo. Nunca en sus fotos tendremos  un instante congelado, sino un mundo en movimiento, misterioso, en el que ella nos invita a adentrarnos.

Roxana D’Auro

Pueden ver más fotos de Virginia en su facebook personal : https://www.facebook.com/virginia.ucar


*Las ciudades y los signos 1-fragmento  de Ciudades invisibles , Italo Calvino

domingo, 10 de septiembre de 2017

Tríptico de artista I - Muestra de fotografía 4 Elementos / 4 Artistas

Artista : Neppo Sasaki


“Las cosas  tienen peso, masa, volumen, tamaño, tiempo, forma, color, posición, textura, duración, densidad, olor, valor, consistencia, profundidad, contorno, temperatura, función, apariencia, precio, destino, edad, sentido. Las cosas no tienen paz.” *               
             Arnaldo Antunes

Neppo Sasaki ve las cosas de todos los días con extrañamiento, hay una capacidad en su mirada para percibir lo que muchas veces es evidente y, por eso mismo, todos nosotros perdemos. Una mirada entre inocente y voyeurista puesta en lo urbano, donde "lo bello" da lugar a lo íntimo y casual. Sus imágenes estetizan la escena cotidiana y crean ambientes abstractos. Son escenas contadas en tercera persona donde la simetría  y la composición  no están libradas al azar. 
Hablo con él antes de la muestra, me dice que las mejores fotos son las que no se hacen , que sólo puede obtener un "atisbo" de la foto ideal . 
Es que como bien dice Antunes, las cosas no tienen paz.

               Roxana D'Auro

Pueden ver más fotos de Neppo en https://www.flickr.com/photos/neppo1

*Texto del libro Las cosas Arnaldo Antunes







martes, 18 de julio de 2017

Migrar

¿Cuántos kilómetros hay que recorrer para migrar? ¿Hay que surcar mares o cruzar cordilleras? ¿Hay que olvidar olores y aprender palabras nuevas?
Hace veintitrés años hice mi pequeña migración desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como le dicen ahora,  a La Plata .  Y si bien  son sólo sesenta kilómetros  , confirmé que uno puede sentir “extrañamiento” hasta en esa corta distancia  . 

Nunca fui buena para las matemáticas y me vine a vivir a una ciudad donde las calles están denominadas con números.  ¡Con todas las cosas que se pueden usar para nombrar como  flores, árboles, fechas históricas, cantantes, actores, escritores y  animales!, a los platenses no se les ocurrió otra idea que ponerles números. En el caos  de Capital me manejaba bien, aunque las calles se llamaran distintas   a un lado y a otro de Avenida Rivadavia. Por alguna  función cerebral porteña uno sabía que si te decían Honduras era más o menos por Palermo  o Tacuarí por San Telmo. Nos manejábamos por alturas.Lo lógico era decir Av. Libertador  al 1400  porque la ciudad es tan grande que Libertador termina por San Isidro y al 15000. Pero en La Plata cuando decís  la dirección,  la primera pregunta que te tiran  es: ¿entre qué y qué? La altura no importa. Ante mi extranjería evidente  los platenses de pura cepa alardeaban haciendo una cuentita que todavía hoy después de tantos  años no aprendí.
Pasar del caos de Buenos Aires  a la ciudad de la traza perfecta  fue la primera gran adaptación geográfica que tuve que sufrir. La Plata es conocida como la ciudad de las diagonales, los platenses cortan camino por las diagonales, nosotros, los de afuera, las miramos con temor, pequeños y diabólicos triángulos de las bermudas que pueden terminar mandándote directamente al extremo opuesto a tu destino  y ni hablar de …   la forma de nombrarlas.  Entre platenses y foráneos también está bien marcada  la diferencia porque los locales dicen el diagonal, por ejemplo el bar esta en el diagonal ,  en lugar de decir la diagonal como decimos nosotros los que quedamos en falta  y bajo sospecha  cuando pretendemos corregir  la primera vez que escuchamos el “error” lingüístico .
También mis hijas notaron  en la escuela que decían fibras en lugar de marcadores y que en realidad muchas cosas son llamadas  de otra forma el lobo es gimnasia y  el pincha es estudiantes  y Buenos Aires es Capital .
Los platenses son bien localistas y al principio puede resultar un poco difícil, no usan las páginas amarillas  y por cada servicio que necesitan  desde un dentista hasta un jardinero preguntan, preguntan a sus amigos, a sus  conocidos, a sus vecinos  y la recomendación,  el boca a boca está a la orden del día. Invertí vanamente  mis ahorros cuando llegué a la ciudad haciendo volantes a la manera porteña para promocionar mis clases de apoyo  .Recién empecé a trabajar fuerte cuando no hice publicidad y mis pocos contactos  empezaron a recomendarme .Este fenómeno también sucede  con  recitales, ciclos de cine, fiestas .Los platenses son como hormigas que por lo bajo están todo el tiempo haciendo cosas:  formando las bandas de rock más emblemáticas de la Argentina , montando obras de teatro increíbles, escribiendo, leyendo poemas a la luz de la luna , pero nunca te vas a enterar  de todo eso leyendo la sección de espectáculos del diario local .Ahora con las redes sociales  es más accesible,  pero en aquel entonces era pertenecer o quedarse afuera y yo me quedé afuera muchas veces .
El tiempo también es distinto. Si te convocan a las ocho jamás empezará sino hasta las diez. Tal vez sea una ventaja  que nos den por si nos perdemos  agarrando la diagonal  incorrecta. Claramente demostrás que no sos platense  si  te invitan a las nueve y caés a las nueve.
Pero a pesar de esos sinsabores de los primeros tiempos ,  La Plata también  pasó a ser ese olorcito a tilo en las calles  y el buen día  del vecino  y  las plazas cada seis cuadras  y las voces pueblerinas de los grupos de jóvenes tomando mate al sol , esos que migran a sus pueblos en el verano cada vez que terminan las clases , una bandada que parte  y vuelve , que va y viene  y que muchas veces queda . ¿Será cierto lo  que dicen que en La Plata hay un odontólogo por habitante? ¿Qué tiene un pasado masón? ¿Qué  hay túneles bajo Plaza Moreno que atraviesan la ciudad y que  las esculturas hacen cuernitos a la catedral? No sé si alguna vez voy a conocer  las respuestas a esas preguntas,  pero hay otras cosas que si aprendí. El 31 de Diciembre, durante la tarde, hago la recorrida  por la ciudad para ver los muñecos platenses, los que en una locura piromaníaca  arderán  en las primeras horas del año nuevo. También aprendí a pasar  manejando  por Plaza Italia y juro que el primer día que lo logré   grité de alegría adentro de mi auto  y siempre,  indefectiblemente desde el 2013 , en alguna  reunión   escucho o cuento   donde estábamos , que hicimos , el 2 de abril  .
Sigo yendo a Buenos Aires una vez por semana a un taller, a veces a visitar  amigas, otras al teatro, o a  algún museo. Alejandra Kamiya dice en su cuento “Partir”  que su padre partió no cuando  salió de Japón sino cuando decidió quedarse en Argentina.
Yo también decidí.

                                                                       Roxana D’Auro

domingo, 18 de junio de 2017

Las otras historias

Papá

“La presencia del hombre se expresa en el arreglo de una mesa, 
en unos discos apilados, en un libro, en un juguete.
El contacto con cualquier obra humana evoca en nosotros la vida del otro, 
deja huellas a su paso que nos inclinan a reconocerlo y a encontrarlo”
Ernesto Sábato
Cuando papá murió yo pensaba que ya estaba muerto.
Así que lo lloré dos veces. Por muerto la primera, por vivir y decidir morirse la segunda.

Después de recibir aquel llamado volví  a meterme en la cama. Muy mal gusto, si, de muy mal gusto  llamar tan temprano un domingo a la mañana para algo semejante. Era el 23 de mayo de 2010. Di mil vueltas hasta que al final me levanté, me habían sembrado la duda. Googleé : Comisaría 19, Capital Federal  , copié el número  y  llamé. Sólo quería constatar  que yo estaba en lo cierto, que era una broma, o un llamado de éstos que dicen  que  te hacen el cuento del tío. Pero me atendió el mismo que había hablado conmigo hacía una hora . Le pude reconocer la voz.
El llamado era para mí, nomás .Coincidía el apellido, con lo raro que es nuestro apellido, el segundo nombre que él usaba como su primero  y su fecha de nacimiento: 6 de enero.
Sí, era El. Era Papá.
Había caído  fulminado por un ataque al corazón , en un bar , viendo  un partido de fútbol por televisión, tomándose una ginebrita tal vez, no lo sé,  ni siquiera puedo decir qué bebidas le gustaban o cuál era su favorita, hacía rato que había dejado de saber cosas  de papá .

- ¿Cómo me ubicaron?
-Internet, señora, Internet. Todo está en Internet.

Lo más esclarecedor y terrible sucedería  luego, al entrar a su departamento, en el que no había en absoluto un vestigio  siquiera  mínimo de mi existencia en su vida , ni una carta o foto  o mi nombre escrito en una servilleta de un bar. Nada. Internet sabía más de mí que mi propio padre.
Pero hasta llegar a  eso faltaba todavía .
Hacía tiempo  que  había asumido  la muerte desconocida del padre ausente. Llegar a esa conclusión fue  el resultado de una búsqueda por años frustrante, Fueron de la  Municipalidad de Benito Juárez, el lugar done él había nacido  , quienes me confirmaron que había muerto,   Pero después  de aquel llamado dominguero, en el cual descubrí que el muerto estaba vivo pero finalmente  terminó muriéndose , desconfié para siempre de los empleados municipales y  quedé  en semejante estado de shock que no era conveniente que manejara yo sola hasta Buenos Aires,  menos aún , en el destartalado vehículo que tenía por aquel entonces. En una hora estaba subida a  la camioneta de unos amigos  rumbo al encuentro con papá. Hay cuestiones que en los relatos deben quedar de lado. ¿Qué interesan las inclinaciones sexuales  de mis acompañantes? ¿O la música  que escuchaban durante el viaje?
Pero el combo de la pareja gay tarareando   la banda musical de las películas de Almodóvar para levantarme el ánimo  por tener que ir a  reconocer  el cuerpo  de mi padre al que no veía hacía  treinta años , considero  que puede ser  un condimento  interesante y por eso he dejado que se cuele en la historia . Cuando llegamos a la comisaría, quedaron fuera, para evitar el riesgo  de que los dejen adentro, tal su facha. Y como señoritos esperaron relojeando mis movimientos y a algunos  polis , también .
-¿Lo reconoce?, dijo el comisario  extendiendo el documento y el carnet donde aquel hombrazo de mis  fantasiosos recuerdos infantiles, alto y mastodonte, se había derretido  y transformado en un  viejito  con la expresión del rostro desdibujada por la flaccidez.
-Hace treinta años que no lo veo, fue la  coherente justificación que encontré  para mi cara de “no tengo ni la menor idea de quien es  este tipo”.
Pero el oficial, con profesionalismo, leyó nombre y apellido completo, además de fecha de nacimiento y si, tenía que ser El.
-¿Y ahora que se hace?, indagué.
- Tiene que ir hasta la Morgue Judicial a reconocer el cuerpo.
Yo, que soy una tipa elocuente, repetí:
-Hace treinta años que no lo veo….
-Al morir en la vía pública, son procedimientos que hay que cumplir.
-Un bar no es la vía pública
-Bueno,  pero es un espacio …..público
-Señor Comisario no creo que sea el momento para discutir conceptos entre lo público y lo privado…. ¿considera esto absolutamente necesario?
Me intriga esta profesión: policías, milicos. Atenerse a los procedimientos por más descabellados que sean. La vida no entiende de procedimientos .La vida se filtra, genera grietas, fisuras y ahí donde nada está ni puede estar escrito o establecido,  es ahí donde esta gente hace agua, se aferra a sus formularios como a una tabla en un gran océano y zozobran  en  el sinsentido absoluto.
Me trajeron de vuelta de mis devaneos mis amigos,  las mariquitas, chistándome através de la puerta y preguntándome: -¿Qué pasa? 
El comisario se había ido, estaba hablando desde la otra habitación: -Si, Señor Juez, si,  vino desde el interior y…hace treinta  años que no lo veía, bueno, bueno,  de acuerdo, le digo. Voy a abreviar este asunto. En definitiva, zafé de aquel  último encuentro cara a cara con el muerto  que, coherente  a su manera de vivir, no tuvo mejor idea que morirse  en un ámbito público  calle o bar, que podemos discutir en otro momento , y nada menos que cuando se cumplía el bicentenario de nuestra patria, una seguidilla de feriados  que obligó a que duerma bajo cero en la morgue  porteña   una semana mientras yo me hacía cargo de….
-Acá tiene las llaves.
-¿De que?
-De la casa de su padre Señora, con lo que odio que me digan Señora.

Afuera las mariquitas ya habían comprado facturas y llamado a otra amiga  que  concurrió al socorro con una prontitud sorprendente y con  su hijo,  de once años.
Con el hijo, las facturas, con las mariquitas,  formábamos todos un grupo heterogéneo que  podría haber ido  tanto a la  marcha del orgullo gay o simplemente  a donde el viento nos llevara, así de frágiles, como hojas.

El departamento era alquilado, había que vaciarlo  o tomar decisiones sobre las pertenencias de papá   antes de entregar las llaves al propietario.
Por primera vez en treinta años  entraría en el mundo más íntimo y secreto de mi padre. De alguna manera se develarían los misterios,  o tal vez tendría las respuestas a  aquellas preguntas.
Entrar a la casa donde hacía algunas horas había respirado, dormido, era como tener  el negativo e imaginar la foto. Cómo se desplazaría cansinamente en  la modesta habitación , cómo tantearía en la  cocina  sin luz, una taza o un vaso , uno aunque sea que estuviese  limpio, cómo amontonaría todos los papeles y cajas y la mugre en un rincón de la mesa para sentarse a tomar un té , sentarse en el borde  de la cama  que se apretujaba junto a la mesa .

Cuando estudiaba en Bellas Artes, durante  el primer año de mi carrera,  en la materia Dibujo el profesor Oliva, un hombre alto  y pelado,  que se escurría lento entre nuestros caballetes ,hizo algo que fue toda una revelación para mí en aquellos tiempos.
Sobre el taburete de siempre acomodó los cachados  objetos de yeso con los que   armábamos  las naturalezas muertas: unas frutas, una botella, un jarrón, un trapo colgando. 
Y dijo: “No dibujen  ningún objeto. Concéntrense en el espacio que hay  entre ellos, dibujen el vacío, la nada que los separa  y verán como  se manifiestan”.
Así, aplastante, se manifestaba papá,   con su cajón de servilletas  robadas a los restaurantes,cada una bordada con un nombre distinto, un recorrido por bodegones  y viejos  clubes de Buenos Aires, un verdadero mapa gastronómico  ; así , insolente, se mostraba en las cajitas con tarjetas personales donde  bajo su nombre  figuraban infinidad de oficios  que , obviamente , nunca fue:  asesor de seguros,  asesor de suelos , técnico en cultivos de soja , agrimensor ,  agente inmobiliario, viajante.
Tuve un recuerdo fugaz  de  mis siete u ocho años, llenando  una planilla que me habían dado en la escuela: Datos personales de los señores padres y/o tutores. Nombre y apellido. Nacionalidad. Profesión.
¿Profesión?
-Viajante, dijo mamá
-¿Y que hace un viajante?
-Viaja
Claro, viaja, se fuga, no está porque  esta yéndose todo el tiempo .Papá estaba yéndose de él mismo. Papá se fue  más que nunca, se mandó la gran fuga  y, sin embargo,  su vacío  se corporizaba en cada  rincón del asfixiante departamento.
Me vi a mí misma, paralizada en el medio de la habitación, con la cuadrilla alrededor  trabajando a todo motor. El hijo de once años a cargo de la tecnología, los chicos son los que más entienden  de aparatos. Mi amiga, despanzurrando carpetas y cajones en búsqueda de alguna documentación importante.
Las maricas probándose ropa  y pidiéndome  con cara de perro  vagabundo permiso para llevarse los sombreros. Emprendimos el regreso, como a las dos horas,  con la camioneta  cargada de trastos viejos. Mis amigos  estaban contentos, satisfechos, como si hubieran ido de shopping al Ejército de Salvación. Yo sólo traía  una foto  y un deseo irrefrenable de bañarme , de frotarme el cuerpo , de sacarme toda la ropa  y lavarla , quemarla de ser posible , y que nada , nada de mí, se impregnara  con ese olor . Una foto y un olor,  fue lo único que pude traer. No encontré un libro  marcado que me invitara a  leer lo último que él había leído  , ni un CD en el equipo de música  para saber cual  había sido última canción que tal vez tarareó , nada de todo lo que puede hacer distintivo a un ser , nada de eso estaba presente, y en esa  abrumadora ausencia de signos  se revelaba mi padre como un gigante vacío , una cáscara que estaría  durmiendo ya   en la morgue de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

Pensé en terminar la historia acá y hasta dejar la frase de la morgue como remate final, pero sería muy egoísta de mi parte  guardarme  los acontecimientos que sucedieron después.

El edificio donde vivía papá era  pequeño, de cuatro  pisos, de dos departamentos por piso, sin portería, cuidado por los propietarios o inquilinos, así que tras la ardua tarea  de desplume de todas las carpetas , cajas y cajones , mi amiga  asumiendo  su rol de detective, encontró  unas expensas , impagas , por supuesto,  donde  estaba el nombre del  administrador.
Pasado el larguísimo feriado de festejos patrios del Bicentenario que había empezado el viernes 21 y terminaría el martes 25 ,  ella  lo contactaría para ubicar al  propietario del departamento  y  hacer  la entrega de las llaves del mismo. Fue un favor que agradecí, dada la distancia  y el estado en el que yo  me encontraba .Pero como bien dije antes, la vida no conoce de procedimientos, de secuencias lineales, nunca son las cosas como deberían ser.
Recibí el llamado de  mi amiga casi una semana después.
-El departamento  no estaba alquilado por tu padre. El que lo alquila es un tal Walter Pérez que es viajante  y precisamente  ahora está fuera de la ciudad.
En ese momento no supe qué sería peor,  si tener que desestimar la frágil construcción de la identidad de mi padre que había hecho con los retazos encontrados , o pedirle a las mariquitas que devuelvan todo porque   por error nos habíamos metido en  el departamento de otro. Pero yo tenía la foto, la foto de papá, y todavía el olor, ese olor  dentro  de mi cabeza. No tardamos mucho  en descubrir  que el bulo de Walter  Pérez era el refugio de mi viejo, a cambio de algunos mandados que le hacía durante su ausencia. Walter Pérez nunca reclamó nada de lo que había allí, ni tampoco preguntó por mi padre.
El niño de once años  conservó el teléfono celular  a la espera de un llamado  que nunca hubo.
Ni siquiera aquel amigo. Aquel que escribiera la dedicatoria en la foto, la única foto que tengo de mi padre, el único testimonio de que tal vez alguien,   alguna vez,  sí lo pudo conocer.
La dedicatoria dice:
“Al amigo busca, embrollón y dudoso” El Negro Mamarracho Casas.


                                                                                                           A papá con cariño. Roxana