martes, 5 de julio de 2016

Morder el aire




Morder el aire es una edición colectiva del taller "El Paisaje nos devora". 33 compañeros congregados por los pájaros como excusa . voces de pájaros y nuestras voces colectivas que se alzan a pesar de todo .

"El Paisaje nos devora" es el taller de literatura para adultos de La Grieta , Galpón de Encomiendas y Equipajes 18 esq. 71 La Plata.


Ayer entró un pájaro en la casa.
Le sobraban paredes
No le alcanzaban las ventanas
Un pájaro en una casa NO es un pájaro
Se encandila con nuestros pequeños soles artificiales
No entiende el por qué de nuestros cielos tan blancos
El pájaro no puede atravesar el cielo blanco de nuestra casa
No lo puede perforar con su pico como agujerea las nubes
Ni planear
Porque no hay espacio en una casa para alas extendidas
El pájaro no es pelota 
Pero rebota
Rebota en las ventanas
Y en el azar de un vuelo que no es vuelo que es disparate
Huye
Y deja su cara estampada en el vidrio.
No lavaremos las ventanas, amor, porque son el testimonio de que hay pájaros en esta casa.

Roxana D'Auro

sábado, 14 de mayo de 2016

Meritocracia
La mano de M.
es una mano joven
tiene cayos, ampollas, sabañones
cicatrices que deja el trabajo temprano
en su apenas una docena de años
La mano de M. recorre con dedos toscos
El planisferio de lado a lado
Señala segura su patria
Deambula dudosa por Asia
¿Dónde termina Europa?
¿Es tan grande Africa?
La mano corta, pega, indaga
Escribe con dificultad palabras raras
Es una mano experta en tierra
Es una mano llena de ganas .
Roxana D’Auro

jueves, 24 de marzo de 2016

Hoy más que nunca. Memoria

La primera vez que supe de la dictadura 


La primera vez que supe de la dictadura  fue caminando  de la mano con mi mamá por el barrio de Once. Son raros los recuerdos de la niñez, se nutren de una extraña mirada. Recuerdo piernas, pies, zapatos de todos los colores, recuerdo baldosas grises. Paramos en una esquina esperando a cruzar cuando el semáforo lo indicara. Recuerdo un mar de piernas  venir hacia mí al encenderse la luz verde. Olas de piernas  y yo, nadando entre ellas a los empujones. El verano anterior había aprendido a nadar  en un natatorio público del Parque Chacabuco. Y en la esquina ,  durante la espera,   extendía los brazos rígidos , hacia adelante , a la altura de mis hombros , como me había enseñado el profesor, ponía la cabeza entremedio  mirando para abajo , apretaba los ojos bien fuerte  y tomaba aire  inflándome los cachetes  como globos .Mientras bajaba el brazo derecho rozándome el costado del cuerpo,  iba girando la cabeza hacia ese lado , cuando el brazo comenzaba a elevarse  hacia atrás   giraba con lentitud y gracia   la  mano poniéndola en forma de cucharita , cuando el brazo  bajaba nuevamente hacia adelante volviendo a su posición original ,  rotaba  la cabeza  a  la izquierda.  Me transformaba  así en una especie de molino humano  preparado para  dar contra  la ola de piernas. Cuando el semáforo de Av. Corrientes y Pueyrredón  abría la gran compuerta ,  arrojaba  sobre mí el  hedor  de pantalones usados  durante toda la semana laboral, las carnes cansadas  que se movían automáticas, los  roces,   los  sudores . Lo que yo sentía  un mar negro a cruzar y una eternidad, seguramente era  un fugaz instante  en el cual mi madre con el único afán  de llegar a la otra vereda, me  levantaba    en vilo de la mano  como si me rescatara  de una zona pantanosa, sacándome a la superficie. Así llegábamos  al Mercado de Abasto, al viejo mercado, el de frutas y verduras   que con su  humedad me refrescaba el rostro  cubierto  por  el hollín ciudadano. Aquella era una época donde  todos chupábamos  el humo alegremente  sin conciencia ecológica, la época  donde las chimeneas de los edificios  humeaban por la basura que quemaban en sus incineradores y los caños de escape de los autos  escupían fumarolas negras que te hacían picar los ojos. Una bella postal brumosa y congestiva, mi Buenos Aires querido de aquellos tiempos. Aquel  día, mientras recorríamos los pasillos de cemento del mercado, empezamos  a  escuchar los gritos, las corridas, los tiros, los cascos de los caballos. Afuera el mar, el mar de piernas  se había enloquecido más que nunca, iban en todas las direcciones  mezcladas  con las fuertes patas de los caballos. Mamá no corría, se arrinconó  en un costado, contra una pared, conmigo. Los puesteros del mercado  cerraron la reja  y la gente de afuera  forzaba por entrar, metían las manos, se trepaban, hasta que una nube espesa  avanzó  desde la calle,  filtrándose. Todos empezaron a toser y  un carnicero  de delantal blanco  manchado con sangre  le gritó a mi madre  que seguía paralizada en el rincón: -Son gases lacrimógenos, tape a la nena, y yo  me preguntaba: ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Con qué? , y de pronto ese mundo gris  y duro que olía asqueroso  pasó a ser mullido y suave, tibio,  dulzón. Oscuro, tan oscuro. Las manos de mi madre me agarraron la cabeza, me taparon los oídos con  sus amplias palmas  y con suavidad  me empujó  hacia su vientre  como si quisiera que volviera ahí adentro , que no viera , que no oyera  los gritos , las sirenas , los cascos de los caballos ,  que no oliera  la bosta mezclada con sangre sobre el asfalto . No se cuánto tiempo pasó, cuánto tiempo estuvimos paradas ahí, con los dedos de los pies entumecidos, los brazos  piel de gallina. Se hizo de noche, el tiempo se detuvo. Cuando el carnicero y los demás puesteros lo creyeron prudente, abrieron la reja, salieron a la vereda  y dijeron: -Se fueron. Regresamos a casa  caminando rápido , no había colectivos , ni taxis , mamá me llevaba volando de la mano y todo el hambre y el cansancio y las ganas de ir al baño que habían quedado suspendidas , vinieron todas juntas  haciéndome eterna e insoportable  la caminata,  por una avenida desierta  en la que parecíamos  tan chiquitas las dos , mirando  cada tanto , hacia atrás  , con el temor de que volvieran  los que se habían ido .                                                          Roxana D’Auro     
Cuento publicado en la revista Trinchera /oct. 2014 ( 1er premio del concurso literario de relatos de nuestro pueblo Gabriel García Marquez)                                                            

jueves, 17 de marzo de 2016

Espacios mínimos



Espacios mínimos

El terreno es liso pero, cerca del alero de la casa, hay un hueco.
No es un pozo.
Ni una depresión del terreno.
Es un hueco.
Tierra hundida de pastos apelmazados.
Los pastos están amarillos, raleados, dejan ver la tierra descolorida.
Ella viene con un trotecito leve y se sacude en un temblor desde las orejas hasta el rabo.
Da dos vueltas sobre sí misma y se recuesta en la tierra que tiene la forma de su cuerpo, justo  cuando el hueco se llena de sol.


                                                                                                                          Roxana D’Auro
(Ilustración Ramón Paris para el libro Un perro en casa de Daniel Nesquens )

jueves, 11 de febrero de 2016

Zapping poético visual . Producción en el Volcán Azul de Juan Rux

Why are we so sad?

Venus nace en la Main Avenue
mientras los niños alimentan
los patos del Central Park
y en cada esquina
se vende un kit para asesinar.

Un pequeño hombre azul
baja de la Montaña del Oso
cuando  los monjes escriben
la última palabra de su alfabestiario.

El espacio exterior es un lugar solitario
El espacio interior es un lugar solitario


                                                                                      Roxana D’Auro 

jueves, 4 de febrero de 2016

Poema apurado por balas de gomas

A los murgueros


Somos los patasucias
Salimos a bailar las calles que todos los días caminamos
Saltamos  los adoquines  calientes
Saltamos  el asfalto  que hierve
Nos quema   los pies descalzos
Y para sacar la bronca afuera
pateamos  el aire,   trompeamos el cielo.

La ciudad nos fuma en la cara
Y  le  hinchamos el pecho 
para cantar a gritos 
a puro cuello
a  garganta roja
Un grito trueno que rompa vidrios , golpee puertas y abra las casas.

Somos los invisibles
Los negados indecentes que dos noches enteras
                       juegan a ser señores de levita y galera
Estandarte y bombo
                       Igual que siempre
Las tripas huecas
                        Para bailar ligero
La sonrisa pájaro.

Somos los murgueros
Los del paso tambaleante
que te cantan las cuarenta  y sacuden la alegría reprimida
Somos los oscuros con luz propia
 los tullidos los feos los villeros
los cuerpos que te copan la avenida
que te afean el paseo
los pibes de los que no hablan los noticieros
Somos un ejército de saltimbanquis
nosotros con gomeras  ustedes con armas de fuego
Tengan cuidado que Momo
anda corriendo de noche  con una antorcha en la mano
no le gusta al soberano
que “ Los Auténticos Reyes del Ritmo”….….. no anden bailando .

                                                                                                  Roxana D’Auro

sábado, 30 de enero de 2016

En los ’90 tuve conejos


Una vez mentí con conejos
Que eran blancos
Esponjosos
Mulliditos
Y tenían hambre
Hambre de conejos, de pobres animalitos
que es hambre
NO es vergüenza

Una vez mentí
que vivían en mi casa los conejos
sin problemas ni desvelos
porque ven el  mundo  rosa con su   púrpura mirada
La gente  buena me regalaba
zanahorias, lechugas , manzanas
porque son vegetarianos mis conejos
están acostumbrados
no se quejan
ni lloran
ni gritan proclamas
se duermen temprano  y van al cole caminando agarrados de la mano

Una vez engañe a los conejos
Les preparé un banquete
de sobras y  frutas rancias
Igual me dijeron gracias mamá
me dieron un beso

Y se fueron a dormir  hasta mañana                                                 Roxana D’Auro