jueves, 14 de mayo de 2020

Pequeños mundos observados en esta cuarentena


"El principio de incertidumbre consiste en descubrir que lo observado se modifica según el observador , la posibilidad de  atrapar y definir  al objeto observado como realidad rotunda se quiebra. Quien mira y lo mirado, sujeto y objeto son imposibles de escindir, construyen una relación ."
Diana Bellesi 

1-
Una paloma .de esas torcazas,  hizo su nido hizo su nido en el cobertizo del garaje . Justo encima del plafón de la luz que parece un plato. La descubrí por los excrementos en el techo del auto. Es molesto, si ,  pero lo realmente perturbador es que cree que la lámpara led es un huevo .

2-
El zorzal canta a las tres de la mañana , las luces led  lo mantienen despierto  . Las estrellas artificiales de nuestros cielos  son las responsables de las bandadas de pájaros insomnes . no son los únicos que no duermen . Cuando me levanto a tomar agua  de noche, me doy cuenta de que todos los electrodomésticos  de la casa parapadean  y un bichito de luz se está apareando con la luz verde titilante de la impresora .

3-
Hay una tela de araña inmensa, de pared a pared. Me la llevé puesta con la cara  y me quedó esa sensación de pelusa pegagosa, tanto que ahora  cada vez que salgo me fijo al contraluz si la araña la volvió a tejer. Trabaja con una rapidez asombrosa. En unas horas  la reconstruye  .Cuando lloviza las gotas quedan atrapadas en la red . Nunca vi beber agua a una araña , pero esta debe tener mucha sed .

4-
*Cuando escuchamos el chasquido , sabemos que hay colibríes . Son del tamaño de mi dedo meñique , verdes tornasolados. Se acercan al farolito chino  y  a las flores  que asemejan  pequeños ramos multicolores de la verbena . A veces  siguen de largo  y se meten en los  agujeros de la pared de ladrillos huecos  . Se desconciertan . No en todas  partes hay una oportunidad 
 
                                                                                                                       Roxana D'Auro 

domingo, 29 de diciembre de 2019

Insistencia

Insistencia

Los chicos rompieron el nido del hornero.
Finalmente lo lograron.
Se esforzaron, debo reconocer. Lo intentaron una y otra vez.
Mejoraron su técnica con la gomera: un ojo cerrado y  el brazo derecho completamente extendido.
Cuando el nido cayó,  quedó como un terrón de barro seco en la puerta de casa. Ni siquiera pudieron patearlo, se transformó en una nube de polvo en sus zapatillas. 
De la insistencia pasaron a la decepción.
…………………………………………………………................................................................
Ayer escuché un toc-toc  en el techo del cobertizo.
Era el hornero.
Con su pico desgarraba la fibra de vidrio de la chapa. A contra luz pude ver  los pelitos de plástico transparente  que sostenía  con determinación.  
Su  decepción  mutó en insistencia.


Roxana D’Auro 

jueves, 26 de diciembre de 2019

El fresno



El fresno

Desde la entrada de casa, el fresno gigante forma una bóveda verde.
Apenas se filtran unos rayos de sol entre sus hojas.
En verano, el fresno es un techo  que refresca  el aire caliente de la tarde y devora los ruidos de la calle.
Debajo de él  no sabemos qué hora es, habita  una quietud que sólo se altera con las  tormentas, cuando se agita frenético y amenazante.
El fresno de la puerta de casa es el más grande de la cuadra, es el más grande de muchas cuadras. Se lo puede ver desde lejos dominándolo todo, oteando el horizonte
Descubrí entre medio de  su copa una rama partida, extrañamente enganchada entre las otras, una rama gigante, vieja y seca, atrapada en el crecimiento de las nuevas.
Un equilibrio ahí, en el corazón del árbol, que se juega todos los días su existencia. 

Roxana D’Auro 

lunes, 17 de junio de 2019

Crónicas de Cementerios - Salta 2014

Güemes

Siempre un libro me acompaña en los viajes. Uno o dos. Me llevé a Salta el libro de Mariana Enriquez  sobre sus viajes a cementerios. No creo que haya condicionado nuestra mirada (la de Néstor y la mía que compartimos viaje y libro), de hecho lo empezamos a leer  al tercer día  cuando ya los cementerios se hacían presentes por todas partes, pero me inspiró a escribir también estas crónicas .

En la Catedral de Salta hay un cementerio, que no me digan que no. Le llaman  mausoleo, un lugar donde se depositan las cenizas o las partecitas que quedaron después de tantos años. Apenas entrás, a la izquierda hay un montón de urnas, tantas que una placa de bronce explica quien está en cada una, eso es un cementerio no me jodan. La verdad es que yo hubiera pasado de largo, me llama más la atención el atrio con todo su oro, pero Néstor dice que Güemes era bien “pulenta” entonces sacamos unas fotos . 
Bajo un mármol que anuncia: Panteón de las glorias del Norte,  hay una especie de mesita con un libro que cuenta cómo y cuando se encontró cada una de las glorias con la Parca .  
Martín Miguel de Güemes murió  en una conspiración. Parece  que decir que fue asesinado es algo inapropiado  para que forme parte de esa enciclopedia de la muerte. Eso le agrega más emoción a Néstor que insiste  con que le gustan los que “mueren” en conspiraciones, es algo así como ponerlos en la lista de los buenos. 
Entre el mármol y la mesita está la placa de bronce, cada urna tiene un número  y cada número corresponde a un muerto distinto .1- Gral. Juan Antonio Álvarez de Arenales, 2- Gral. Rudecindo Alvarado, 3 y 4 son soldados desconocidos  en distintas batallas. 3 y 4 son unas urnitas miserables  en comparación con las otras, cofres  con pedestales, tapas talladas  de maderas oscuras o una que es como un diamante gigante todo de mármol .
La jerarquía de la muerte. 
La iglesia está a tope. Néstor promete  ir a la Catedral de La Plata a ver si en nuestra ciudad también tanta gente va a misa o si esto es un fenómeno turístico.

Roxana D'Auro 

sábado, 20 de abril de 2019

Santuarios


Cada cual homenajea como puede. 
En la Cava se va alzando un altarcito, el cenotafio, la apacheta, 
esa forma de canonización popular (¿acaso hay otra?).
De esos santuarios espontáneos  nace el mito y 
del mito el recordatorio duradero.
María Elena Walsh


   


Santuarios

¿Qué santos son los del borde? ¿Qué santuarios tenemos en los márgenes?    Afuera del cuadrado perfecto del casco urbano de La Plata   la gente también reza, un rezo pagano, a santas guaraníes  y jóvenes asesinadas    o le ofrece un vino de cajita de cartón a un gaucho milagroso.  

Lejos de la traza impecable de Benoit , las calles se bifurcan como caminitos de hormigas , se abren entre  la tosca y el barro y sobre las veredas de pasto  se erigen los  retablos , casitas de chapa y vidrio , con flores de plástico y luces de navidad .


En la esquina de 38 y 131 está el altar de Maca. Tiene su  porta retrato  y  en la pared blanqueada a la cal nos interpela  su nombre con las mismas  letras grandes  que se usan en  una campaña proselitista. Caminando  hasta 135, una baldosa  entre medio del yuyerío   dice: “Ermita Virgen Caacupé”.  El bronce es para otros, acá hay  cemento, arena  y cuchara de albañil. Cinco  cuadras para adentro está el santuario del Gauchito Gil, un predio donde las familias fueron “plantando” sus altares  pintados de rojo  con techo de chapa para proteger estatua y botella de vino. Hay bailanta todos los 8 de enero y los salmos son al ritmo del chamamé .
En la otra punta, en la plaza de 1 y 38  la virgen de la jaula   se manifiesta como un oxímoron, enrejada  y bajo llave ,  bien guardadita en su cubículo privado  dentro de un espacio público  .


Roxana D’Auro 

lunes, 1 de abril de 2019

Los niños del agua -cuento-

Después de la inundación del 2 de Abril  en La Plata  quise escribir algo ,  cómo era esto de volver a habitar nuestros lugares con la marca del agua indeleble en las paredes , algo sobre la resiliencia y particularmente la de lxs niñxs capaces de recitar de memoria los libros de cuentos  que ya no pudieron volver a leer. 

“Empujados por el viento  vamos colgados  sobre una banda, ciñendo, de cara al devenir”
Néstor Asprea /Agua en la cabeza.

Los niños del agua

Esta historia es de cuando llovió y llovió y llovió.
Es la historia de cuando  todos los zapatos de todas las zapaterías  salieron flotando por las calles  porque ya nunca más nadie jamás los iba a usar. Y la gente se secaba al sol vuelta y vuelta sobre los techos de las casas.
Es la historia de Eric y su amigo Juan, el vecino de enfrente.

Juan hizo un dibujo del barrio para acordarse donde estaban las casas que ahora duermen sumergidas.

Eric, con las piernas colgando  desde la ventana  de su cuarto,  en la planta alta,  intenta todos los días  pescar algo.
Juan, en la casa de enfrente, se asoma por  la chimenea   y, a  lejos,  con su catalejo parece el  marinero que desde el carajo gritó: ¡Tierra!
Pero Tierra no hay, sólo agua, agua y  agua.
Al final de cada día, va marcando  con una cruz roja en su mapa las casas  que la gente abandona, casas vacías que se van hinchando,  hasta caer de rodillas.

Eric nada y hace la plancha   sobre lo que  era el jardín de su mamá,  ya no hay que  preocuparse  por malezas ni  hormigas, hay un hermoso cantero  de algas que bailan despacito con la corriente.

Los semáforos siguen   funcionando. Los dos se preguntan: ¿cómo es que siguen funcionando? Eric espera  a que pasen flotando dos sillones y una mesa para cruzar a la casa de su amigo.
Lo invita  a cenar una  anguila que al fin pescó.
Se sumerge en su propia cocina  y bucea  buscando un sartén, ¡puede nadar con los ojos bien abiertos! ¡ y aguantar muchísimo la respiración! , mucho más que antes cuando iba a la colonia de vacaciones.  Las puertas del bajo mesada están  bastante hinchadas, cuesta abrirlas y cuando lo logra,  todo sale  flotando   armando   un embotellamiento de cacerolas en la esquina porque  la luz del semáforo cambia a  rojo.

No tienen  donde cocinar la anguila,  entonces comparten un mendrugo de pan sentados sobre las tejas , con los pies en el agua, extrañados por lo que les salió entre los dedos.
Pueden chapotear un montón y salpicar lejos.
Se comen el pan en bolitas, humedeciéndolo un poco para metérselo en las bocas redondas que  abren y cierran.
Al caer la noche  la luna se ve reflejada como un gran plato blanco sobre la superficie del agua que 
se va tiñendo  de a ratos del  rojo, amarillo, verde, amarillo, rojo, amarillo, verde, de los tontos semáforos.
Y aburridos como están, mirándose  a la luz de la luna, Eric le encuentra a Juan  una hendidura 
detrás de la oreja y  él le descubre a su amigo  unas  cascaritas plateadas que le están saliendo por todas partes.
Los dos tienen  un deseo incontrolable  de tirarse al agua.
Se zambullen  y  se quedan dormidos con los ojos abiertos flotando sobre sus panzas esperando que el viento los navegue.

Roxana D’Auro
Foto de: http://www.sub.coop/es/actualidades/agua-negra-es

miércoles, 30 de enero de 2019

Lo que realmente hago cuando voy a caminar

Murakami escribe: “el cielo está tan claro y despejado que me pasma”. Levanto la vista del libro. Yo podría decir exactamente lo mismo. La diferencia (una entre tantas)  es que él está en la isla Kauai en Hawai y yo en el fondo de mi casa tirada al lado de la Pelopincho desfalleciendo de calor . Estoy leyendo su libro autobiográfico: “De qué hablo cuando hablo de correr” y mientras él participa en maratones y… ¡ultra maratones! yo  voy a caminar a un parque de mi  ciudad. Sé que a mucha  gente caminar le resulta terriblemente aburrido :  girar dando tres o cuatro vueltas , pasando por los mismos árboles, los mismos bancos y  los mismos juegos  puede verse como algo muy monótono , pero en esa repetición  descubrí lo mismo  que te pasa  cuando entrás en una habitación a oscuras : al rato, empezás a ver.
Al pasar una y otra vez por el mismo lugar, el lugar se empieza a develar.

Edificios vs casas

La fisonomía alrededor del parque fue cambiando de una forma sigilosa. No encuentro otra palabra más apropiada, porque las cosas  que conllevan un peligro o  una amenaza   son así: sigilosas. Primero se vendieron una, dos casas, luego se demolieron y en sus  huecos empezaron a crecer como tallos,  edificios  altos  y vidriados. Hoy alrededor de la plaza conté veinte, además de dos terrenos en venta y dos casas demolidas  donde asoman  construcciones nuevas . Hay una casa que quedó atrapada entre dos edificios altos, se ve muy extraña. Tal vez, dentro de poco,  pase y vea que tiene un cartel de venta. Imagino que si sigo caminando alrededor de este parque,  en un  tiempo todas las cuadras que lo circundan tendrán uno al lado del otro, altos y relucientes edificios con sus frentes vidriados, será como caminar en círculos dentro de un panóptico gigantesco.

Pantallas
En el medio de la plaza pusieron una  “garita” moderna. Es un contenedor vidriado y de noche parece una nave espacial, desde  lejos se le ven las dos luces azules destellantes en el techo. Es un Centro de visualización barrial y adentro hay unas pantallas  donde se reproducen imágenes de lo que pasa en cada rincón del parque, igual que esos circuitos cerrados de televisión que hay en los supermercados chinos. Me produce rechazo, me indigna saber que hay un ojo, una especie de gran hermano que me observa en cada vuelta que doy, que registra mi andar cansado o  que  puede ser testigo de un tropezón  y reírse de mi torpeza a escondidas. Néstor me cuenta que conoce ese parque desde que ni luces tenía y con su barrita de amigos  lo atravesaban de noche para cortar camino como si fuera un bosque. Era una verdadera aventura. Hoy el parque tiene  luces LED que iluminan cada rincón.  La gente mientras camina se saca selfies, los padres filman a sus hijos  corriendo carreras en bicicleta, una y otra vez  hasta que salga bien la toma  y todos ,indefectiblemente , cuando pasan  por el centro de visualización  giran un toque la cabeza, buscándose  en las pantallas  .

Calesita

En el parque hay una calesita abandonada. Está cerrada con cadena y candado .Aunque vaya a caminar  de mañana, tarde o noche nunca la vi funcionando. ¿Cuáles serán los motivos de la muerte de una calesita? Los obvios saltan a la vista: tiene apenas unos caballos despintados, unos Dumbos que parecen espermatozoides deformados  y una caja de latón  que simula ser un barco, con el mar en “olitas” pintado en su base. 

Para ser sincera, el aspecto de la calesita no es muy atractivo y debe serlo  menos aún para estas nuevas generaciones  acostumbradas al 3D, lo interactivo y el Fornite. Imposible verse seducido por el lento y monótono movimiento de una calesita  cuando los pequeños cuerpos despliegan esa serie de frenéticos vaivenes disociando caderas y brazos. 
Cuando doy la última vuelta de mi caminata  paso de nuevo  por ahí. Me paro y le saco una foto con el celular. Me acuerdo que tengo  una foto, de esas de papel,   en Mar del Plata, metida adentro de un barquito así. Mamá  pagó por la toma  y el   fotógrafo me puso una red sobre las piernas y me dijo  que ponga cara de capitán. El barquito era estático, pero  se ve  que lo que movió el fotógrafo fue mi imaginación   porque estoy sentada derecha como bien lo haría un capitán y tengo esa sonrisa del que tiene todos  los mares del mundo por delante. 










Caída

Hoy se cayó una señora en la plaza. Cayó como un pájaro. Hizo apenas un ruido seco en el camino y quedó boca arriba.  Pensé que estaba desmayada pero la señora simplemente había quedado así, inmóvil de enojo por la torpeza de su cuerpo.
A un costado quedaron desparramados sus lentes de sol y su celular. Los atletas,  al ver que no había sangre, ni daños mayores,  retomaron  su ritmo  apenas reducido por los instantes que les tomó verificar la situación. (Nunca distraigas a un atleta en su rutina diaria, saludan  mientras pasan  diciendo ¡hola! bien fuerte y manteniendo la mano en alto  o dicen  la hora corriendo hacia atrás. Never stop).
Un señor en bicicleta también se acercó, sin bajarse  de la bici  le advirtió a la señora que tuviera  cuidado que su  celular  estaba en el suelo. Me llamo la atención ese pequeño detalle, fue un gesto de amabilidad hacia el aparato.
Luego, entre los dos,  la ayudamos a levantarse. La fuerza de gravedad la tironeaba. Debo decir que la señora era delgada como un junco y sin embargo  entre  el  ciclista y yo tuvimos que ofrecerle nuestros brazos para que ella venza la testarudez  de la tierra que no la quería largar. En su posición  bípeda la señora ya no lucía tan indefensa. Empezó a justificarse, que en cinco años de caminatas en el parque era la primera  vez que le pasaba algo así y, por supuesto, no había sido  su culpa, sino  las raíces de los árboles o  la vereda rota . Se sacudió la tierra, se alisó el pelo y se puso los anteojos.  Recuperó del todo la compostura cuando se  aferró  a su celular  y corroboró que la aplicación que le calcula el ritmo cardiaco  mientras camina seguía funcionando.

Mientras  se alejaba, le vi en el codo un raspón,  una mancha roja.

Roxana D’Auro 

jueves, 10 de enero de 2019

Aeropuertos

Intento acomodarme, me estiro, me enrollo, giro a la derecha, a la izquierda. Si descanso con  la cabeza inclinada hacia atrás, enseguida me duele el cuello o la nuca choca contra el borde de plástico duro del asiento. Es imposible acostarse. Los bancos en el aeropuerto están separados  por apoyabrazos. Todo está diseñado para circular, no para quedarse y mucho menos ofrecer el lamentable espectáculo  del cuerpo laxo vencido por las horas de espera.  El parlante llama por tercera vez  a la pasajera María Luisa Lugo. Se repitieron los llamados   a un tiempo prudencial entre uno y otro  pero (creo yo) éste último tiene un tono amenazador. Busco a María Luisa ( que no conozco) para ver si  finalmente nos deja cabecear a todos  un instante  , pero ella no aparece  y sospecho que no existe , que el llamado es un guión , un recurso para que la gente no se duerma  y evitar que caiga en el oprobio del ronquido público , la boca abierta , la baba tal vez. Los aeropuertos no pueden permitirse  eso. Nada que desentone con su blancura y su pulcritud. No falta ninguna lamparita, no hay medias luces, no hay sombras, no hay grafitis, ni siquiera en los baños (¿cómo consiguen que ni un “puto el que lee” se les filtre atrás de la puerta?),  no hay stickers de bandas musicales o adhesiones a partidos políticos. Ruego que vuelvan a llamar a María Luisa, necesito  tener algún sobresalto. La señora que está sentada frente  a mi dormita  con un   antifaz, logra eludir la blancura de la luz y su cabeza por momentos se bambolea hacia adelante. Parece un superhéroe derrotado .En las pantallas se repiten  los rostros felices, los encuentros, los abrazos.El slogan aparece una y otra vez : “Tómese su tiempo y disfrute”
Roxana D’Auro  

Mujeres del Fin del Mundo

En la estancia Harberton, ubicada sobre el Canal de Beagle, a 85 kilómetros de la capital fueguina, hay un jardín botánico, al mejor estilo austral: un bosquecito laberíntico  con  esa hermosa desprolijidad que tiene la naturaleza,  una pequeña reserva  con especies del lugar: ñire, canelo, guindo, lenga, calafate. Es  la más antigua de Tierra del Fuego (1890) y, sin embargo,  es nueva la tierra ahí, el suelo es como una esponja, algo blando y superficial,  así se siente cuando uno camina encima, mullidito. Los árboles tienen raíces que se nutren de esos 30 centímetros más o menos y  abajo, todo  es piedra.  Son de piedra también las lápidas del cementerio,  apenas una parcela en el medio de la reserva , delimitada  por una cerca de madera pintada de blanco. Ahí está la tumba de Winnie May Lawrence, que la declara  fiel esposa  y devota madre de tres chicos.  Winnie fallece a los 29 años.  Digamos que no tuvo mucho tiempo para intentar otra cosa que no fuera la fidelidad y la devoción. El diccionario define la fidelidad  como la firmeza y constancia en los afectos, ideas y obligaciones y en el cumplimiento de los compromisos establecidos y yo me pregunto: ¿establecidos por quien?  Otro nombre que resuena por estos lados es el de  Fueguia Basket ,  una niña yámana de diez años que  los británicos comandados por Fitz Roy se  llevaron a Inglaterra para “civilizar” junto a otros dos jóvenes. Obviamente Fueguia Basket no era su nombre,  fue así rebautizada con  ese sobrenombre irónico, una burla ( puede que se haya destacado en el arte de la cestería . Basket: canasto en inglés). Fueguia  no fue fiel ni devota y de regreso a su tierra,  ya siendo una  joven, en un año abandonó  todo su aprendizaje británico y buenas costumbres y volvió  a formar parte de los suyos. Darwin lamentaría siempre que “recayera” nuevamente en el estado salvaje. Tal vez Fueguia quiso cumplir con el compromiso de llevar semejante nombre y mantuvo su fuego vivo. Y su fidelidad era a esta tierra.
Roxana D’Auro 

martes, 25 de diciembre de 2018

Te quiero verde

Te quiero verde, un ciclo , un espacio donde las mujeres ponemos la palabra , la voz . 


Video de la lectura de ¿La mostraste en público alguna vez? de y por Roxana D'Auro

jueves, 29 de noviembre de 2018

El papel, esa joya

Fui invitada por la artista Karina Cortés a  acompañar con un texto la presentación de su nueva colección de joyería : collares realizados con  piezas de papel provenientes de distintos libros , hechas a mano   e hilvanadas una a una . Cada uno contenido  en una caja - libro . 
"Llevar puestas las palabras que nos construyen" . 




Leer  es develar un secreto, dice Graciela Montes: “Se lee cuando se develan los signos, los símbolos, los indicios”.
Karina  Cortés es lectora ávida y artista,  y cuando alcanza el sentido, trasciende esos signos  y los modifica. Podríamos decir  que para Karina  leer es algo así como enhebrar palabras, coserlas unas a otras, engarzarlas como abalorios.
¿Cómo se construyó este territorio  donde las historias mutan en piezas únicas  de joyería? Karina Cortés diseña  sus piezas muchas veces a partir de materiales encontrados, otras veces de materiales elegidos, pero siempre esos materiales  tienen un devenir, un derrotero que los hace únicos.  Ligada  a  los aspectos sensibles y materiales  que rodean la lectura, para esta colección Karina Cortés vincula con el libro-objeto-cuerpo, tanto como con su contenido: el peso, la rugosidad de la  tapa, el  olor y la textura de las hojas son elementos que van de la mano de las historias o  la poesía  
Elegir fragmentos  de esos libros  e  hilarlos, por lo tanto,  tampoco puede ser un  acto mecánico. Cuando la ficción ingresa en nuestras vidas, entra en diálogo con lo que somos y  comprendemos que las palabras no se usan solo  para explicar , dar órdenes o para decir cómo es el mundo , comprendemos que las palabras  tienen una palpitante fuerza vital y que pueden combinarse  entre ellas  para construir algo maravilloso. La lectura es siempre una forma de apropiación y en esta colección Karina Cortés se demora  en el destello de cada palabra,  con  un ejercicio casi zen elabora una a una las  piezas, condensando en ellas la esencia de cada libro elegido.
Una colección que construye un sentido con el cuerpo, el tiempo y la palabra. Todos somos un poco los libros que leímos.


Roxana D’Auro 

La imagen corresponde a una pieza de la colección 

Karina Cortés / Tienda Taller    64 # 967   La Plata

http://cortesjoyeria.com.ar/index.html

https://www.facebook.com/CortesJoyeriaCo/ntemporanea







domingo, 4 de noviembre de 2018

Manifiesta Mamífera

Manifiesta Mamífera  es una obra, es un texto, es un manifiesto, fue una performance , es una intervención , es resistencia desde la lengua, la palabra, la acción.
Durante todo el mes de Noviembre de 2018 estará expuesta en Galería Botánica , calle 53 esquina 4 La Plata . 



En “El cuentista” de Saki,  el  contador de historias entretiene a unos chicos durante un largo viaje en  tren. Cuenta  sobre  una niña llamada Bertha, tan buena que ha ganado  una medalla por obediencia, otra por puntualidad y una tercera por buena conducta. Cuando  el aburrimiento  se adueña de los chicos, ante lo previsible de la narración, el contador dice: “but she was horribly good" (pero ella  era espantosamente  buena). A partir de ese binomio extraordinario  el cuento resulta tan atractivo como  impropio. El oxímoron de Saki nos seduce, como   a los chicos del tren.  La niña, al final de la historia es, además,  devorada por el lobo no por su falta, sino por su obediencia. Saki nos interpela, sugestivo,  con   la incorrección de lo  bueno. La pulcra, prolija, obediente niña no es más  que  una invención.  No fuimos ni seremos así aunque se hayan esforzado por convencernos.
Vladimir Propp  explica en su obra “Las Raíces históricas del Cuento”  que el bosque se suele presentar como un “lugar denso, oscuro, misterioso y poco convencional”. Aunque  Vladimir no   hablara de  nuestros cuerpos, hay una homología  entre  el bosque de las fábulas,  transformado en una geografía moralizante,   y la carga moralizadora  que recae sobre  nosotras desde entonces.
Aventurarse en el bosque constituía  una experiencia peligrosísima, muchas veces mortal. Pero las alegorías literarias de niñas inocentes como animales de presa se subvierten. Hoy aventurarse en el bosque es  salirse de la senda, romper los límites, encontrar la identidad. No podemos comprender el bosque desde sus bordes, hay que adentrarse en él. Una actitud activa y voluntaria. Algo “emboscado” nos está esperando.   Los “errores” que nos habitan están  acechando en su interior: el deseo, la pulsión sexual, la ira, el miedo.
Hoy sacamos de lo más profundo del bosque todos  los monstruos.
Hoy sacamos los prejuicios de nuestro cuerpo hecho tabú  y  lo deseamos más salvaje que disciplinado. Nos asumimos  hediondas y peludas. Somos mamíferas. Sangramos y le damos  de comer a nuestras crías con la leche  que emanan  nuestros pechos o,  tal vez,  decidamos  con fiereza  torcer nuestro destino biológico.   
Como elijamos, pero nunca espantosamente buenas.
                                                                                        Roxana D'Auro  

miércoles, 31 de octubre de 2018

Encuentro de poesía Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación / Noviembre


A los poetas con sombrero

Che, a vos, poeta
te quiero decir
no hace falta que te calces el sombrero para leer poesía
ni  alborotarte las chapas
para que te queden locas
mucho menos vestirte con falda escocesa y borcegos
la poesía no necesita
de tus trucos
es más , se que puede molestarte
pero
la poesía ni siquiera necesita de vos
anda por las calles filtrándose como el agua
metiéndose como el polvo
en las hendijas
en las arrugas
venite asi como estés a leer poesía
con el mameluco
con el delantal de cocina y la cuchara de madera
venite en traje y corbata
y saca de tu portafolios yupi
el puñado de estrofas
que les parta la cabeza
venite
con la poesía puesta nomás


                                                                            Roxana D’Auro

jueves, 26 de julio de 2018

Errar ( un texto para Revista 27)

La Revista 27 nos convocó junto a mi socia y amiga Eliana Nieves a participar de la última edición . 
http://revista27.com.ar/viajes/errar/

 
Los lugares más impactantes del planeta, los más exóticos, los más bellos, los que  absolutamente hay que conocer   antes de morir, el top-ten de los destinos. Todas las  pestañas abiertas en mi computadora  son un testimonio lapidario  de que es domingo y estoy sola. Apenas escribo viaj…. y el proceso de selección de Google se activa  tirándome tips, blogs , visitas virtuales, videos 360 grados , wikipedia y diccionario bilingüe.
    Lugares. Territorios. Áreas. Zonas. Places. Lugar se dice “place” en inglés y con esa economía característica de la lengua  anglosajona,   también se usa como verbo: “place” es acomodar, alojar, asentar, colocar. Así como usamos “chatear”, “lugarear” sería una encantadora versión  en español.  Lugareo mi cabeza sobre tu pecho suena hermoso y más aún en domingo. Arranco a escribir un poema  con esa idea,  pero la falta de aceptación de mi  creatividad de la revisión automática del Word me saca de mis fantasías.   El corrector ortográfico marca un supuesto error. Errar también quiere decir  vagar, ir de un lugar a otro. Ni más ni menos lo que  hago todos los domingos  hueveando por  internet.  
      De pronto me ataca un brote rebelde  de fin de semana que agoniza. Me despabilo. Quiero desoír  al Corrector Ortográfico y dejar  que  mi lenguaje salga de andanzas.        ¿Qué pasa  con todas esas palabras que luego de clickear  el mouse a la derecha  quedan omitidas? Todo un mundo de palabras exiliadas por erradas,  una especie de condena  que las obliga a peregrinar definitivamente del texto. Me despiertan  simpatía,  no las imagino melancólicas o deprimidas, es más, creo que el correctivo  les dio alas.  Imagino un territorio  de errores viviendo libres de culpa y cargo, palabras liberadas  de la competencia  entre la ese y la ce  o del silencio de la mudita ache, que bastante jodida es,  tan calladita ella.
     Un territorio de errores para visitar.
     Un territorio escondido, negado, un santuario, algo excluido de todo tour.
     Un lugar que no exista ni en libros, ni en enciclopedias.


    Dicen  los manuales
          que los hombres,  en toda su geografía
    además  de
            hombros y brazos y pelos y barba y piernas y pieles y pene
   tienen una laguna

            escondida

            al sudoeste  del corazón
adonde  van a parar sus lágrimas cuando sufren por amor .
Y,  como los hombres no lloran,  
les sudan las manos
para disimular tanta tristeza.


       Me fui al carajo en expedición por  tus territorios.
      Son las consecuencias de escribir un domingo.

                                                                                                          Roxana D'Auro